Capítulo III.- Entre gigantes (Amalia)

A veces tenía la sensación de que no era ella quien estaba viviendo su propia vida. Se sentía una espectadora, un narrador en tercera persona. Parecía salirse de su propio cuerpo y verse en perspectiva. Exactamente ese sentimiento tenía en este momento.

Cuando recibió la llamada de recursos humanos para que se incorporase en apenas una semana, la euforia dejó paso al terror de enfrentarse a ese gran reto. No sabía si estaba preparada y, desde entonces, no había salido del estado de shock. Ahora, se veía caminar por los pasillos del despacho, cruzarse con vergüenza y saludar sin saber qué decir a todos aquellos gigantes, más por actitud que por estatura, a los que le iba presentando la jovial y habladora Paula, que le aportaba unos mil detalles y nombres por minuto, que ella olvidaba al segundo, mientras se esforzaba por mantener una sonrisa que disimulara su aturdimiento.

Por fin, se vio sentada en una amplia mesa gris sobre la que Paula le dejó un cuaderno, bolígrafos y todo tipo de material de papelería en el que podía leerse “FLORES-CRAWFORD”. Sólo entonces volvió en sí y tomó conciencia de la amplia sala en la que se encontraba, rodeada de todos aquellos jóvenes trajeados cuyos nombres no recordaba.

Para empezar a habituarse Paula le había dejado una demanda siguiendo las instrucciones de una de las mujeres que le había presentado y que, según le había dicho, sería su jefa directa. Era una mezcla de Pipi Calzaslargas y la bruja de Blancanieves con andares de Hulk, vestido caro y tacones. Contrastaban sus pecas y pelo extremadamente pelirrojo, que le daban imagen de niña, con su mirada gélida y casi 1,90 de estatura: Ramona Carrasco, ¡qué contraste de mujer! Era el único nombre que recordaba y, sin duda, era por el alivio que sintió al saber que era ella, y no Susana, con quien trabajaría a diario.

Se leyó aquellas 84 páginas con toda la atención posible e intentando retener las pocas cosas que conseguía entender. No es que se imaginase el mundo del Derecho como una fiesta, pero lo que ella había soñado tenía un toque más Ally McBeal o El lobo de Wall Street y no tan…. soporífero como aquella demanda.

Cada cierto tiempo levantaba la mirada de aquellos papeles para observar disimuladamente a su alrededor. Todo aquello era un poco intimidatorio: los compañeros que la miraban con una mezcla de curiosidad y compasión, aquellos despachos de cristal en los extremos de la sala, con fantásticas vistas de toda la ciudad y nombres de socios en la puerta, o la inmensa sala central llena de jóvenes letrados que apenas apartaban la mirada de sus ordenadores mientras recibían llamadas constantemente. A veces, también maldecían, corrían o resoplaban. Otros permanecían casi de manera constante frente a la fotocopiadora grapando y des-grapando montones de folios.

Justo enfrente de ella, separados por un tablero que dividía ambos lados de la mesa hasta la altura de los ojos, había un chico rubio de mirada burlona, ojos tan azules que parecían transparentes y una nariz extrañamente achatada. La había recibido con un ¡Bienvenida a la mina! y ya había olvidado su nombre. Él se levantaba de vez en cuando y, entre risas, comentaba con los demás datos de algún caso y todos reían e incluso algunos se chocaban la mano.

– Bueno, Amalia, ¿no? – le preguntó en un tono que a ella le pareció demasiado alto, como queriendo acaparar la atención de los que estaban alrededor- ¿Qué tal tu primer día? Tú no te asustes mucho de nosotros, aquí cualquiera que lleva mucho tiempo acaba un poco tocado, mira a Maca, lleva sólo 4 meses y ya está regular.

La chica que llevaba prácticamente todo el día frente a la fotocopiadora, se volvió con un rápido giro de cabeza que hizo que sus rizos negros se desordenaran en un segundo y tuviera que intentar domarlos con la mano, mientras sonreía.

– Morenito, ¡ya quisieras tú estar la mitad de cuerda que yo! Y tú, guapa, -dijo dirigiéndose ahora a Amalia y con un marcado acento andaluz- a este ni caso de na de lo que te diga, ¿eh?

El chico iba a contestar cuando se escuchó el sonido de una puerta al abrirse y unos tacones que se aproximaban. Todas las miradas volvieron a los ordenadores y las sonrisas se tornaron en gestos serios, mientras Amalia miraba a los lados sin entender qué ocurría.

– Buenos días, Susana – dijo Maca, que ya tenía en una mano varios montones de papeles y en la otra la grapadora, cuando la socia llegó a su altura.

Susana apenas levantó un poco la cabeza para dirigirle una mirada indiferente y continuó andando sin inmutarse, cruzando toda la sala hasta entrar en uno de los despachos.

Llegaron las 20:00 horas, nadie se movió. Las 21:00, tampoco.  Rafa le enviaba whatsapps, la estaba esperando en la puerta.

– Paula…. ¿a qué hora se sale? Creo que nadie me lo ha dicho, sólo por saber…

– ¿De aquí? ¡Nunca!- sonrió- Pero por ser tu primer día, vete ya si has terminado.

Salió intentando disimular sus andares de flamenco, como el animal que no como un bailaor, causado por su inherente torpeza y acrecentado por unos doloridos pies llenos de tiritas. Ya había tenido bastante, no podía volver a pasar lo de la semana pasada, y menos ahora que tenía un trabajo serio y tendría que fingir ante todos esos desconocidos que podía ser una futura exitosa abogada. Si se hubiese encontrado con alguna de esas personas trajeadas, que ahora eran sus compañeros, el otro día mientras corría descalza por el centro de la ciudad, y hasta perdió las horquillas del pelo, como una loca… ¡qué habrían pensado de ella!

En la puerta, en pleno Paseo de Gracia, ahí estaba Rafa mirando distraído hacia arriba y moviendo los pies ligeramente al compás de algún ritmo que sólo escuchaba él en su cabeza, y con un pequeño ramo de rosas.

– ¡Ey! Ya está aquí tu The good wife.

Rafa sonrió y le tendió las flores:

– Señora abogada, me acojo a mi derecho de invitarla a cenar.

Anuncios

2 comentarios en “Capítulo III.- Entre gigantes (Amalia)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s