Capítulo VI.- El nuevo Tarantino (Amalia)

Dos botellines de cerveza Alhambra abiertos. Amalia miró esos brillantes ojos verdes mientras reían sentados en el pequeño sofá del apartamento. Cuánto lo había echado de menos.

– A ver, a ver, entonces Doña Cab-Ramona o la cabramona de tu jefa, ¿te manda emails en clave y no entiendes qué tienes que hacer?

– Jorge, no te rías. Que sí, me manda emails sin nada escrito y sólo un adjunto, y es que me siento retrasada, no sé qué quiere.

– ¡Lo tengo! Tienes que contestarle “compro vocal” a los emails en blanco. ¡Igual es su forma de jugar a la ruleta de la suerte!

– ¡¡Resuelvo panel!! – gritaron a la vez y se echaron a reír. Amalia lo miró y sintió que sólo con él tenía esa complicidad de poder decir lo que se le pasara por la cabeza y reírse juntos hasta de lo que más la preocupaba. Jorge tenía ese don.

– Bueno, ¿y el inicio en el mundo audiovisual cómo ha ido?

– Ya sabes que yo no soy el empollón de la familia. Pero bien, mi profesor está buenorro y los compañeros parecen majos, ya sabes. Hoy ha sido sólo la introducción, iremos viendo si llego a ser el nuevo Tarantino. Prometo que mi primera película será acerca de una becaria furiosa que asesina a su jefa cabramona después de no acertar un panel. Es una ideaza, lo llamaré “Amalia letal”.

– Idiota – dijo Amalia sonriendo y sirviéndose un trozo más de la lasaña casera que Jorge le había preparado -, será un rotundo… ¡¡fracaso!! Y como sigas dándome estos recibimientos al volver del curro voy a acabar como una foca… qué riquísima está. No sabes cómo son las chicas del despacho; todas tan perfectas, delgadas, elegantes, con vestidos ajustados y tacones, maquilladas… ¡ni se les corre la raya del ojo! Y yo llego sudando, con la ropa de señora de modas Murillo y el pelo sin arreglar… me despedirán por cutre y no saber usar la plancha.

– ¡Por favor! ¿No has aprendido nada de tu hermano gay y amante de todas las mujeres del mundo? Tú eres bella y todas las mujeres lo sois por igual. E imperfectas, claro, pues como todos. No os dejéis vencer por todos los absurdos estereotipos que buscan imponeros para haceros sentir inseguras…

Amalia lo miraba divertida mientras acababa su tercio de cerveza y se levantaba para encender la cachimba que había sobre la mesa.

– ¿Abajo el heteropatriarcado?

– No te burles, hermanita – dijo Jorge sonriendo y recostándose en el sofá, como si hubiese dado por perdida a su hermana que no podía, ni quería, entender sus argumentos – ¿Has puesto la de fresa?

Jorge comenzó a aspirar por la boquilla con intención de encenderla. Ése era su pequeño ritual cuando tenían que hablar. Desde el año pasado, que se fueron a vivir juntos cuando su hermano, tras múltiples cursos de formación profesional, decidió empezar a estudiar arquitectura- qué orgullosos se habían puesto sus padres cuando lo admitieron-; él cocinaba algo casero, ella sacaba un par de cervezas y acababan encendiendo una cachimba. Entre el humo, cualquier confesión o secreto parecía válido; cualquier problema, un asunto que pudiesen resolver entre los dos.

En una noche así, él le confesó que odiaba la carrera y que sentía que se ahogaba en ese mundo de planos y reglas mientras su vida pasaba, sin poder elegir lo que realmente deseaba. Jorge, su idealista y creativo hermano.

– ¿No crees que en algún momento vas a tener que confesar que eres gay a nuestros padres? Igual si les comentas tu afición a la cachimba de fresa y que me obligas a que sea siempre ese sabor, se lo imaginan ellos solos – bromeó Amalia.

– Lo haré tan pronto como tú les confieses tu heterosexualidad, ¡qué bochorno! Ni me imagino lo que dirán en el pueblo de ti cuando se haga público – contestaba Jorge exagerando una cara de asombro-. Puedes presentarles a tu novio, el payaso pijín.

– No es un payaso. No sé por qué te cae tan mal Rafa, de verdad.

– No me gusta que te autoengañes llamando novio a quien solo es compañía y sexo: asúmelo, es de princesas Disney que no saben estar solas ni aceptan que necesitan acostarse con alguien de vez en cuando….

– ¡Anda ya! Yo no soy así, y para mí él es como un amigo, no lo llamaría novio tampoco… no sé… ¡Déjame de una vez! Tengo mañana la formación y estoy acojonada, se comenta que Pereira va siempre con ganas de sangre. Y, además, tengo tanto curro pendiente… No sé si me van a echar de ésta.

Amalia cambió de postura y se sumió en sus pensamientos con rictus preocupado. Sí, ella siempre había sido la empollona de la familia, había conseguido lo que se había propuesto con esfuerzo y tesón, pero en este trabajo se sentía constantemente una funambulista caminando de un extremo al otro del alambre. Siempre le faltaban datos o no tenía tiempo o nadie le explicaba o simplemente la miraban como si no estuviera a la altura. O eso creía ella.

– Pues si te echan mañana, por la noche lo celebraremos. Compraré otra caja de éstas – sentenció Jorge cogiendo los dos botellines verdes de Alhambra ya vacíos.

Ninguno de los dos, por entonces, se imaginaba cuántas noches como esas les quedaban por vivir durante ese año, ni las incómodas decisiones que tomarían en ellas.

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5 comentarios en “Capítulo VI.- El nuevo Tarantino (Amalia)

  1. Me ha recordado mucho a las conversaciones que tengo yo con mi hermana jajaja

    Jorge parece un tío simpático, también deduzco por la magnífica cerveza que al menos una de vosotras es de mi tierra también…

    Genial entrada, como de costumbre!

    Nos vamos leyendo!

    Le gusta a 1 persona

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