Capítulo VII. Desnuda (Susana)

A Susana le pesaban los minutos. Pasaban despacio, desordenados, repetitivos. Había salido a correr sin el teléfono para intentar librarse de la carga del que espera sin saber hasta cuándo. La paciencia no era una de sus virtudes. La ansiedad se apoderaba de ella cuando no dominaba lo que sucedía a su alrededor, algo que raramente le ocurría. Siempre había tenido “una capacidad sorprendente para llevar las riendas de cualquier situación”, resonaba en su cabeza la voz de su padre. Fue delegada de clase en el colegio y en la universidad. Líder indiscutible entre amigos y desconocidos, no importaba si estaba con la gente de siempre o era totalmente nueva en un grupo: Susana nunca pasaba desapercibida. Era consciente de que eso le había costado unos cuantos enemigos, si a una le va bien públicamente, la envidia llega hasta por parte de los que deberían alegrarse de los éxitos. Cuando era más joven, a veces, esa sensación le provocaba cierto desasosiego, algo parecido a la soledad que, al final, no es más que eso, una percepción. Sin embargo, con el tiempo, fue entendiendo que la vida te va dejando solo y eso se lleva mejor si, al menos, hay algo de lo que sentirse orgulloso. Sin duda ella lo estaba. La sociedad admira a los ingenieros, a los matemáticos, a los informáticos, a gente con una inteligencia que nada tenía que ver con la que ella poseía… pero, de alguna forma, cuando te conviertes en un abogado de prestigio, pasas a formar parte de una clase social respetada por todos. Al fin y al cabo, el mundo se mueve entre pleitos y trajes de chaqueta. Susana tenía un don para expresarse. La elocuencia era su signo distintivo y, por si eso no fuese suficiente para desenvolverse en su sector, además poseía una capacidad de análisis y resolución innata. Nada de eso le servía ahora. Esta vez no encontraba respuestas.

Todos los días, en la misma franja horaria, recibía una correo electrónico con asunto idéntico “el precio de la última vez”. Todos los días, desde hacía varias semanas, descargaba el archivo adjunto de forma nerviosa, impulsiva, desquiciada. Cada tarde, sin excepción, Susana sentía presión en las sienes, temblor en las piernas y un frío que saltaba del portátil a sus brazos, haciéndolos pesar menos, durmiéndole las extremidades y erizándole la piel.

Aquel lunes llegó a la sesión de formación de los novatos mareada. Matías había pasado a buscarla: pese a los desencuentros que tenían últimamente, él no dejaba de preocuparse por ella y, sin reconocerlo, Pereira lo agradecía. No obstante, en aquel momento no era capaz de escucharlo. Sentía su voz lejos, camuflada por un pitido agudo en ambos oídos.

– Joder… vaya careto de muerta. Si quieres superar la jeta de Ramona, vas por buen camino. Dentro de poco pido que me den un plus por aguantar a gente fea. ¿Has visto a la becaria que se incorpora en una semana? ¿La enchufada de Ernesto? Estornuda y no lo cuenta. La muerte del loro asegurada. Dice de buscarse un moco y tiene que hacer primero un sondeo. El tabique mirando a cuenca. Enserio. Una napia, Susana… ¡Susana!

– Sí, sí , vamos, ya voy.

Dejando a Matías en la puerta de la sala de reuniones con expresión desconcertada, Susana entró y se sentó en el extremo derecho de la mesa de madera que llenaba la habitación, justo al lado de la becaria nueva. Él la siguió y se puso a su lado, sin saber muy bien qué broma suya había fallado. El resto del departamento ya estaba allí. Ramona preguntaba a Paula con un interés sobreactuado dónde había comprado la funda nueva de su iPhone, a juego con un bolígrafo estampado de Mafaldas. Maca, que era la única que aún estaba de pie, no dejaba de hablar sobre la boda de su prima la coja, del arte que tuvo pa bailar con el novio el día de la ceremonia, y de cómo toda la familia borracha, tras unas horas de barra libre, había decidido imitarla en la pista ante la cara atónita de los invitados del novio. “A esos no se les olvida la gracia del sur ni en diez años de lluvias norteñas”.

Susana la miró, gélida.

– Macarena, ¿dónde está el informe que te pedí el viernes para hoy? Lo esperaba en mi mesa antes de llegar.

– Discúlpame, Susana, de verdad, antes de la hora de comer lo tienes listo. Le queda una miajilla de na – dijo incomoda, moviéndose hacia el asiento más próximo y aguantando su personalidad dicharachera y alegre: sabía que con Susana no funcionaría, al igual que no lo harían las excusas. Todos sabían que su prima se casaba ese sábado y, pese a ello, Pereira le dio trabajo para hacer el viernes a última hora, sin embargo, Maca no iba a quejarse. Todos sabían que sería peor.

– Menos palabrería y más trabajo, si no eres capaz de seguir el ritmo estaré encantada de hablar sobre ello más tarde. Ahora empecemos con el tema de la formación de Amelia, no tenemos toda la mañana, sobre todo tú que parece que no has tocado un e mail en todo el fin de semana.

Matías la miró fugazmente y ella se dio cuenta, pero eso sólo sirvió para reforzar su posición. Si él creía que podía quitarle autoridad le iba a demostrar que estaba equivocado. No dejó que nadie hablase más que la becaria. Y le demostró lo poco que sabía sobre derecho.

Tras tres errores seguidos la detuvo.

– Amelia…

– Ejem – Matías carraspeó a su lado, y la rabia se apoderó de Susana, no podía creer que fuese a interrumpirla.

– Sé que eres nueva, que cuesta coger el ritmo y que no estás preparada pero si no te lees la ley jamás serás capaz de hacerte hueco aquí. En cinco minutos has mencionado dos artículos incorrectos y has hablado de una ley derogada.

-Yo…

-No hace falta que te expliques. Prosigue y estudia mejor el tema para la próxima vez.

La chica prosiguió su explicación con la cara roja y la voz temblorosa. Si rompía a llorar por algo así no le esperaba nada bueno en el despacho. La exposición fue ridícula y todos fueron conscientes, nadie dijo nada. Media hora más tarde Susana se levantó la primera y fue a su despacho con Carrasco pisándole los talones, ambas entraron y Ramona cerró la puerta.

-Llevas razón, no puede ser verdad que teniendo una semana para preparar algo tan simple el resultado sea así de flojo… hablaré con ella. No le salen mal las contestaciones a las demandas pero está muy verde. Parecía buena los primeros días, me ha sorprendido bastante. Creo que sería bueno si hiciéramos esto todos los lunes y que nos presenten un dosier con toda la exposición.

-Sí. Estoy de acuerdo. Comunícaselo al equipo. Y ella repetirá el lunes que viene, pero no se lo digas hasta mañana. Si se agobia demasiado le saldrá peor aún.

Un sonido agudo indicó la entrada de un nuevo e mail. Susana miró de reojo su pantalla y cambió el gesto. Sabía lo que contenía el correo y de nuevo sintió una angustia cruel y conocida… una nueva imagen de su cuerpo desnudo la esperaba amenazante en la bandeja de entrada.

 

 

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