Capítulo X.- El desayuno (Amalia)

La cabeza le daba vueltas. El alcohol le sentaba fatal y después de una noche de excesos como la del día anterior se levantaba embotada y con pocos reflejos. Encima, una sensación de vergüenza y pánico se había apoderado de ella nada más ver la habitación en la que se encontraba. Recordaba los chupitos de Jäger y otros de una mezcla extraña que picaban como si tuvieran tabasco. Las copas, la bachata. A Javier Román hablando con Ramona. Sentirse una idiota.

Se consideraba una persona bastante tímida, la verdad. No le emocionaba en exceso destacar ni ser el centro de atención, sin embargo también se sabía valiente. Cuando había situaciones difíciles a las que enfrentarse prefería hacerlo de golpe, como arrancarse una tirita. Así que se levantó de aquella cama de matrimonio vacía, pasó su mano por debajo de los ojos, intentando limpiar posible restos de maquillaje a tientas y abrió la puerta.

Se vio desbordada por la claridad del mediodía. El salón era espacioso, con vistas al mar. Olía a tostadas.

– ¡Buenos días! ¿Alguna intolerancia al gluten o a los desayunos fantásticos? – Matías la miraba desde la cocina americana con una sonrisa y una pizca de compasión. Llevaba un pijama sencillo de cuadros rojos y blancos. No pudo evitar reírse, ni siquiera sabía bien por qué, pero le chocaba ese atuendo acostumbrada a verlo con sus carísimos trajes y zapatos italianos – ¡Eh, eh! Si tanta gracia te hacen mis pintas, espera a verte que pareces un oso panda, anda el baño está ahí.

Efectivamente, su intento de limpiar posibles restos de maquillaje antes de salir sólo había conseguido esparcir su máscara de pestañas por toda la cara. Tenía un aspecto deplorable realmente. Se lavó la cara e intentó adecentarse el pelo lo máximo posible.

El sabor de las tostadas se mezcló con el de sus disculpas, realmente no sabía muy bien qué decir en una situación así, la noche anterior se había pasado bebiendo sin duda.

– Tranquila, tranquila. Todos habíamos bebido, cuando subisteis Maca y tú al baño simplemente te quedaste tan dormida que nos dio cosa despertarte, ¡menos mal que tengo un sofá comodísimo!

Más aliviada y con el estómago lleno, sus ojos empezaron a pasear con calma por el apartamento. Las vistas eran impresionantes y las paredes estaban decoradas con cuadros de arte moderno hecho de distintos materiales y cuyos elementos metálicos reflejaban el sol que entraba por los ventanales, dando un aspecto mágico a la estancia.

Un cuadro estilo Frida Khalo llamó su atención, era un retrato aunque no conocía a la modelo pero la inspiración en la pintora mexicana era más que evidente. Desprendía luz, a Amalia le pareció que ni siquiera todo el sol que entraba por los amplios ventanales podía igualarlo. Estaba así, ensimismada, mientras Matías la miraba divertido.

– Veo que tenemos una amante del arte, desayunando hoy en “las mañanas de Matías”. Cuéntanos, tras su paso por Supervivientes IV o los chupitos picantes, ¿cómo afronta esta nueva etapa de cotillear el apartamento de su jefe? – dijo con tono televisivo.

– ¡Espera! ¿Ese reloj está bien? ¿Son las doce? – corrió al cuarto a coger su móvil, el cual apenas tenía batería, de golpe había vuelto a la realidad: 4 llamadas perdidas de Jorge y dos mensajes de Javier Román. No pensaba leer esos mensajes después de lo de ayer.

– Tengo que irme, prometí a mi hermano que hoy iríamos a una exposición y creo que cierran en dos horas.

– ¡Oh! ¿Tienes aficiones fuera del despacho? ¡Qué osada!

– Así somos los novatillos – dijo Amalia con sorna. Unos minutos después, corría hacia el metro mientras hablaba con su hermano por teléfono.

Había cogido el bolso sin mirarlo siquiera, pero estaba claro que no había perdido cosas, sino más bien ganado. Rebuscó hasta encontrar la tarjeta del metro entre un collar hawaiano y una libretita negra que no recordaba que fuesen suyos. No si ahora resultará que el alcohol me hace un poco cleptómana

Cuando se sentó en el vagón finalmente, empezó a examinar aquellos objetos aparecidos en el bolso. Abrió la libreta, era una agenda moleskine negra. Comenzó a leer.

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