Capítulo XV.- Nuevo mensaje (Amalia)

Como ya sabéis, la relación entre Amalia y Javier era un tanto extraña. Él había sido su profesor de la universidad y ella, inevitablemente, se había sentido embaucada por aquel aire intelectual, ¿quién no ha tenido un amor platónico similar?

Amalia era una de las mejores de la clase, siempre andaba preguntándose el por qué y, por supuesto, preguntándolo al profesor. Además, Javier daba mucho juego en ese aspecto, ya que se notaba que no sólo le gustaba la materia y dar clases, sino también escuchar las opiniones y cuestiones de los alumnos.

Y, sin darse cuenta, a base de encuentros casuales en la cafetería de la universidad, se hicieron amigos.

No fue hasta después de terminar el curso cuando pasó algo más. Él era deslumbrante para Amalia, se podía hablar de cualquier tema, siempre tenía una opinión sólida, algo que aportar. Estaba muy lejos de Rafa, su novio de toda la vida.

Lo de Rafa había sido justo todo lo contrario. Ni siquiera podía recordar con seguridad cuándo se conocieron. En todos sus recuerdos de la infancia, aparecía. Jugando al escondite entre los estantes de ropa, cuando Modas Murillo aún les parecía un lugar enorme y lleno de rincones donde atrincherarse lejos de ojos ajenos y que, por tanto, podían hacer suyos. Recordaba el jardín de la casa de la familia de Rafa, una de las mejores del pueblo, donde organizaban las mejores fiestas de cumpleaños, llenas de globos, tartas y cada año con una temática distinta que lo invadían todo. Piratas, fórmula uno, astronautas.

Cuando crecieron, sin apenas tener que tomar ninguna decisión, eran novios. Y todo el pueblo era partícipe de ello, claro. Fueron los reyes de las fiestas el año de su 16 cumpleaños. Nunca había siquiera pensado que pudiese ser de otra forma. Encontrarás trabajo, te casarás con Rafa, tendrás hijos con Rafa, viviréis felices en un chalet, dos coches, un perro, paella los domingos. Y, además, te has llevado a Rafa, el chiquillo de una de las mejores familias del pueblo, no te quejarás, ¡que ya no te va a faltar de na’!

¿Era esa la vida que ella quería? ¿Cuándo podría tomar sus decisiones? Llevaba unos días ignorando las llamadas de sus padres precisamente por miedo a eso, a contarles que había decidido parar a replantearse si la relación que comenzó a los 8 años con Rafa le seguía sirviendo ahora. Probablemente no lo entenderían.

Ahí sentada, en el estridente pero elegante salón, le parecía inevitable que hubiese pasado de esa forma, que ella se encontrase allí, que volviese siempre una y otra vez a acabar igual: sentada en el sofá esperando la vuelta de Javier. El embaucador y trajeado Javier. Esta vez, mientras él terminaba de preparar la comida. Quizá tenía que dejar de torturarse y pensar que estaba cometiendo un error, algo prohibido y reprobable.

Se escuchaba a Javier cantar desde la cocina. Amalia se recostó en el sofá con la sensación de ser la reina del lugar. El portátil entreabierto lanzó un corto pero contundente sonidito y la pantalla se iluminó apareciendo en ella un escueto mensaje: UN NUEVO MENSAJE: Susana Pereira.

Javier apareció corriendo y se quedó congelado al ver la escena. Amalia, en el sofá, justo enfrente de la pantalla observaba fijamente aquel mensaje. Paralizada, todas las ideas volvían a su cabeza: la agenda y Susana diciendo que no la había recuperado aún. Él cerró el portátil rápidamente.

– Sólo trabajo… ¿comemos ya?

– Javier, ¿le devolviste a Susana su agenda?

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