Capítulo XVI.- Gamusinos (Amalia)

– ¿Eres más feliz que un gamusino?

Amalia sonrió. Realmente no lo sabía, ¿no era eso lo que siempre había soñado? Trabajar en un despacho top, tener una vida cargada de trabajo gratificante. Claro que no había imaginado que iba colgarse de un profesor y socio de otro despacho que le doblaba la edad, ni que separarse de Rafa le iba a causar esa desazón – en general nunca se había planteado siquiera que la opción de separarse de Rafa existiera -, ni que ese ritmo de trabajo fuese tan agotador, siempre se sentía cansada, con mala cara y una palidez inusual, además de tener la constante sombra de la incertidumbre por si la despedían de un momento a otro sobrevolando su cabeza, ni que ser abogada junior fuese más parecido a ser la asistente personal y secretaria de Ramona que a ninguna otra cosa.

Tampoco nunca había imaginado que la palabra feliz pudiese trasladarla al pueblo, a Modas Murillo, al colegio que tanto había aborrecido por pueblerino, a las tardes con poco más que un paquete de pipas y un banco. Quizá por primera vez se dio cuenta de que había tenido una infancia muy feliz, y la ternura que se apoderó de ella al pensar en sus padres dejó paso a un ligero cargo de conciencia por no haberles cogido el teléfono los últimos días.

– Más o menos como un gamusino que trabaje en Flores.

Matías se echó a reír y rápidamente añadió:

– Eso lo solucionamos ahora mismo, os quiero a todos como gamusinos libres. Maca, Moreno y tú, ¿Cayetana? Vamos a tomarnos algo abajo, que ya son las nueve y media de la noche y como superior jerárquico os ordeno tomar un mojito.

En ese momento sonó el móvil de Amalia, mientras los demás empezaban a recoger. Era Jorge: Pero estás loca, ¿dónde te has metido? Amalia que no le coges el móvil a papá, joder. Están preocupados y ya lo que les faltaba es que estén preocupados por ti también, ¿sabes? Que no eres el puto centro del mundo, no te llamaban por Rafa. Es Marga, ha tenido una recaída. Vuelve a Barcelona. Jorge lo había dicho todo de carrerilla, sin apenas tomar aire. Quieres bajar ya, joder, estoy en la puerta de tu despacho. Las palabras de su hermano, atravesaron el pecho de Amalia con un pinchazo.  De repente se sintió incapaz de gestionar su propia vida, como una idiota.

Dos vencimientos extraordinarios al día siguiente que aún tenía que terminar. Marga enferma de nuevo. Cuarenta correos sin leer todavía en su bandeja de entrada. Marga volvía a Barcelona. Un mes para su renovación, no podía fallar ahora. Cómo había sido tan tonta de pensar que todas esas llamadas eran por ella. Egocéntrica. Egoísta.

Matías, como siempre, le dio la solución. Ellos se llevarían a Jorge a tomar algo, se encargaría personalmente de que se riese un poco. Ella podía acabar sus vencimientos y unirse a ellos en un rato. Les agradeció una veinte veces seguidas el gesto y se quedó allí, frente al ordenador, mirando sin ver las palabras del documento word que tenía delante. El despacho medio vacío, en el otro ala aún se escuchaba teclear a un puñado de gente. La mitad de los despachos de los socios también permanecían con luz. Por un momento, aquella gran sala de colores neutros le dio la sensación de ser un manicomio. Cómo había llegado a parecerle que no había vida fuera de allí. Y fuera de allí, la gente recaía en sus enfermedades y el mundo giraba incansable. Incansable y cruel. Mientras ella estaba inmóvil atrapada entre esas paredes.

Eran las doce y media de la noche cuando terminó. Había cenado un café y un vaso de agua, pero no tenía hambre, su única sensación era la derrota. Todavía quedaba gente en el despacho cuando bajó en busca de Jorge.

Cuando llegó al Manila la imagen era un tanto absurda. No sólo porque estaban todos sosteniéndose a duras penas en pie, sino porque en ese estado no se les había ocurrido nada mejor para rematarlo que invadir todo el centro del local bailando un improvisado limbo con una escoba. ¡Una más de chupitos! Gritó Matías nada más verla aparecer.

Media hora después, arrastraba a Jorge hasta el apartamento mientras escuchaba sus balbuceos:

– Qué buena gente tu jefe, el Mateo, un tío de puta madre. Y el Moreno con la pija no ves cómo se pegaba, esos se han ido juntos fijo… mañana no van a currar y se van a montar caballos. Oye y Mateo, qué tensión cuando ha visto a la Susana, que le ha traído un camarero la agenda esa que tenías tú el otro día. Vaya cara de muerta y vaya mirada le ha echado antes de irse, mirada de gamusino muerto, ¿te ha contado Mateo lo de los gamusinos? Es que me parto con ese tío, en serio.

Le hizo prometer que al día siguiente le contaría todo lo de Marga. Ella tenía que irse antes a trabajar pero prometía salir a la hora para hablar. Y llamar a sus padres. De verdad. Y otra cosa, ¿por qué le dio a Susana la agenda un camarero? ¿Seguro que había sido así?

– Yo que sé, será olvidadiza y la irá dejando por ahí.

Y justo después se durmió. Con la boca abierta y la ropa aún puesta.

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