Capítulo XIX.- Cena de Navidad (Amalia)

– Yo que tú no lo haría. A los socios les sienta fatal que los molesten por cualquier cosa, porque hazte a la idea de que no les importas nada nada, y claro, que vayas a preguntar, pues bien no les va a sentar y si se lo están planteando…. ¡yo que sé!

– Pero Paula, que hoy es la comida de Navidad ya. Sólo queda mañana antes de que todos os vayáis de vacaciones y aún no sabemos cuál de los júnior se queda esta Navidad de guardia, o sea que no sabemos las vacaciones, ni quiénes tienen que volver en enero… ¿qué le digo a mi casero?

– Te digo una cosa, nena, es que esta gente no es seria. Van de despacho internacional y de élite y de to’ esas cosas, y luego no tienen un detalle con los abogados que estamos empezando… Vaya que yo sé que me voy, pero la Maca se va con la cabeza bien alta: mejor eso que convertirse en uno de ellos.

– Macarena, si piensas eso igual es que no estás a la altura de los mejores, ¿sabes? O sea, yo lo veo así, si no aguantas es que la presión te puede.

Todos se miraron y volvieron a sus sitios tras estas palabras de Cayetana. Rápidamente empezaron a cruzarse mensajes entre unos y otros. ¿Saber aguantar la presión es no saber hasta el día antes cuándo tienes vacaciones o si en 15 días sigues teniendo trabajo? Es lo que pasa en los trabajos, desconozco de alguno que tenga el ambiente perfecto, pero si además mezclas un montón de abogados competitivos que trabajan catorce horas diarias juntos y les dices desde los veintitrés años que son lo mejor de lo mejor… pues claro, hay gente que se viene más o menos arriba, los que pisan para subir y un largo etcétera, no sé si alguno lo habéis vivido alguna vez.

Amalia no podía creer lo rápido que había pasado la semana. Había estado decidida a entrar en el despacho de Matías o Susana y preguntar por su renovación y sus vacaciones… pero el tiempo había ido pasando, y entre los montones de trabajo y las palabras de Moreno y Paula que la animaban a estarse quietecita porque aquí es mejor que te llamen ellos y te digan, habían llegado hasta el día de la comida de Navidad sin cruzar palabra. Y todo apuntaba a que iba a seguir así.

Las demandas por contestar que se apilaban sobre su mesa, los emails sin abrir en su bandeja de entrada y los mensajes de distintos compañeros preguntándose de qué iba esta tal Cayetana con su discurso corporativo sobre los supuestos mejores. La verdad es que Amalia no sabía si ella estaba entre los mejores o si estaba aguantando bien o no la presión. Es que simplemente no lo sabía, sólo intentaba hacer las cosas bien y tenía esa sensación de estar desbordada constantemente. Igual no era de los mejores. Lo que estaba claro es que necesitaba saber ya si la renovaban o no.

Ese jueves los dejaron salir un poco antes para que pudiesen cambiarse antes de la cena de Navidad que, por supuesto, tendría lugar en el rooftop del hotel más de moda de Barcelona. Amalia nunca se hubiese imaginado las fiestas que se hacían en Flores, y eso que se lo habían advertido: cenaron casi por compromiso, porque realmente lo que la gente esperaba y se tiraron como locos en cuanto pudieron, eran las copas.

En apenas unos minutos los socios más veteranos reclamaban una actuación de los nuevos cantando villancicos, como si fuesen sus pequeños monos de feria, Ernesto estaba bailando una bachata con Carlota y otra becaria al más puro estilo pato mareado, Cayetana intentaba reclamar la atención de Matías quedándose sólo con la de Moreno que no paraba de insistir en tomar un chupito tras otro y, casi sin darse cuenta, Macarena apenas podía tenerse en pie y se caía de espaldas en mitad de la pista. Ramona y Susana estaban en la barra mirando con desprecio a los demás, daba la sensación de que la gente no se atrevía ni a acercarse a esa zona.

– ¡Amalia! Ven un momento – al escuchar el grito de Ramona, se arrepintió automáticamente de haber pasado por allí -. Oye que estábamos comentando, qué bochorno cómo está Macarena, ¿no? Si es que hay gente que no sabe guardar las formas, de verdad.

Miraba a Susana buscando su aprobación, pero ella parecía totalmente ausente, sin ganas de participar de todo aquello.

– Menos mal que te tenemos a ti, ¿eh? Mañana ya vacaciones, estarás contenta…

– Bueno, yo es que aún no sé las vacaciones ni la renovación, la verdad… pero sí, estoy contenta.

Susana pareció salir de su embelesamiento:

– Mañana os diremos las evaluaciones y todo eso – lo dijo sin apenas prestarles atención, mientras paseaba la mirada entre Ernesto y las becarias, y Matías saliendo de la sala con Cayetana y Moreno.

Nadie pudo decir que no lo pasaran bien, ni siquiera que recordasen la noche completa al día siguiente. Y el viernes llegó cargado de rumores y caras resacosas. A media mañana, Susana y Matías se reunieron con cada uno de los abogados del departamento: el temido momento de las evaluaciones.

Moreno salió con lágrimas en los ojos y fue directamente al baño, a Maca no la iban a renovar así que invitaba a una cerveza a la salida y Ramona recorrió el pasillo después pavoneándose y mirando con desprecio a Macarena. A Amalia le dijeron que la renovaban, aunque no como un enhorabuena sino más bien porque, aunque había estado un poco floja, creían que podía mejorar, y hasta le dieron vacaciones en Navidad. Fue un alivio, aunque nunca le habían dado una buena noticia que le dejase un sabor tan agridulce y una sensación de inferioridad tan tremenda. Pero bueno, parece que estaba entre esos mejores así que no iba a quejarse.

Tras las obligadas evaluaciones y cuando sólo faltaba una hora para que acabase la jornada y, por tanto, para que todos se llevasen sus ordenadores y trabajo para hacer durante sus “vacaciones” de Navidad, los tacones de Susana resonaron por el pasillo. Todo el mundo cruzó miradas de desconcierto antes de cortar radicalmente el ligero ambiente festivo que había y ponerse a trabajar en silencio.

– Amelia, ¿puedes venir a mi despacho un momento? Tenemos que comentar una cosa.

No se lo podía creer, ¿comentar el qué? El corazón le latía a mil por hora mientras se sentaba en el despacho y sus ojos encontraban a los de Susana.

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