Capítulo XXIII.- Dramas y comedias (Amalia)

– Mira, voy a llamarla mala persona por no llamarla otra cosa, pero es que vaya, de verdad que no me podía imaginar una cosa así.

– Yo sé que es mala, porque mira que os lo digo y os advierto, que yo llevo ya más años aquí. Pero no me esperaba que tanto, Maca, de verdad que lo siento – decía Paula sin parar de negar con la cabeza.

La atmósfera era rara. Habían quedado en el Hawaii con Maca esa noche después del curro porque quería darles noticias. Hacía apenas una semana que había dejado Flores&Crawford y había recibido alguna llamada de otros despachos de Barcelona. Además de los del departamento, se había unido Carlota, becaria de fiscal que en cuanto le pareció escuchar algo de cervezas, no tardó un minuto en apuntarse… aunque nadie realmente la hubiese invitado. De alguna forma, todos sabían lo que era sentirse solo en aquel despacho, ser el nuevo y trabajar tantas horas que no tienes más vida social, así que ninguno fue capaz de decirle que no.

– ¡Jorge! ¡Aquí, aquí! – vociferaba Maca en cuanto lo vio entrar por la puerta del bar-. Por favor, qué bello estás y qué fashon. ¡Qué ganas tenía de verte!

– ¡Y yo! Mira y este es Oliver. Oliver, estos son todos los abogados locos amigos de mi hermana.

– Cuchi, qué guapo. Oliver, siéntate que estoy contando mis dramas y espero que los maquillajes sean waterproof, niños, porque vaya putada más grande que me han hecho.

Y, una vez más, Macarena volvió a contar la historia sin dejarse un detalle.

– Yo no estoy hecha para ese despacho, entiéndeme, yo tengo alegría y ganas de vivir. Oye, no os ofendáis que no lo digo por vosotros- decía mirando al resto de resignados componentes de Flores-, pero que cada uno tiene su carácter, ya me entendéis. Es que yo trabajaba en el despacho con todos estos, Oliver, para que te sitúes. Y yo ahí pues no he caído bien y de verdad te digo, que eso no me había pasado a mí nunca. Que no digo que le caiga bien a todos, eso nadie, ¿no? Pero yo siempre, pues me he manejado, qué menos que trabajar de manera profesional, soportarse como personas humanas que no se aprovechan de los demás ni le desean mal alguno. Porque yo tendré muchas cosas pero eso sí te lo sigo, mal no le deseo a nadie. Bueno, hasta ahora. Que maldita la Ramona de las narices, en buen momento la tuve que conocer. Es que ya no sé si fue un error entrar en Flores o qué. Ella me hizo una evaluación penosa, ¿no? Y Matías y Susana pues me dijeron de todo y no me renovaron. Hasta ahí, pues mira, que no es plato de buen gusto pero una hasta siente cierta liberación. Porque entre que la Pereira ni me miraba por los pasillos y si lo hacía era con cara de estar oliendo mierda, y que Ramona me llegaba a las nueve de la noche a mandarme informes y trabajo para el día siguiente a primera hora o me encasquetaba lo que ella se había comprometido en el último momento… pues que yo tampoco es que estuviese dando palmas por quedarme, ¿sabes lo que me refiero? Y el sueldo, en fin, tal y como están las cosas, como te permite comer y pagar piso pues una ni se queja, pero vaya, que era un sistema de neo-esclavitud, si quieres que te diga la verdad. Pero bueno, pues digo ya me voy de aquí, voy a ver otro despacho más normalico, si lo hubiese, que ya una duda de todo. Total, que mando el currículum a los de BSVC, que me dijo Paula que había una vacante y además que era justo mi perfil. Me llaman, me hacen la entrevista, me dicen que me quieren y me ofrecen un sueldo un poco mejor del que habían dicho y cuando voy hoy a firmar, pues me llaman un rato antes y nanai, que me retiran la oferta por un problema de última hora, ¿y sabes qué problema es? Que la maldita Ramona se ha enterado y ha llamado para hablar mal de mí. Que hay que ser retorcida, joder. Qué más le da a ella dónde trabaje yo si ya me ha echado de Flores, ¿cómo me he ganado yo tanto veneno? Que de verdad te digo que mal no le he hecho nunca, nada más que hacer todas las miles de mierdas que ella me pedía, quitarle marrones que me encasquetaba y todo sin un mal gesto, que te lo juro. Pues me va a hacer la vida imposible, no voy a poder currar en Barcelona, niño.

– Pero qué dices, ¿cómo no vas a poder currar en Barcelona? Pero Maca, algo saldrá, mujer. A ésa se la va a comer el karma un día de éstos y a ti te va dar algo bonito.

– Que no Jorge, que no. Que yo ya no puedo más. Me voy a Sevilla, eso es lo que quería deciros. Me vuelvo a mi casa, estoy harta de tanto veneno y malos rollos e historias complicadas – decía Maca mientras se le humedecían los ojos-. Me voy. Oliver, espero que no estés estudiando Derecho porque si no vaya ánimos te estoy dando yo ahora, chiquillo, el primer día que me conoces y así me pongo. Yo soy la alegría de la huerta, ya te vendrás tú con el Jorge a verme a Sevilla y nos echamos unos bailes pero es que aquí me han tocado ya mucho el…

– A ver Maca, no tienes que irte. Entiendo que estás frustrada ahora, pero yo que sé, hay otros sitios.

– Paula, me han llamado ya de otros dos despachos diciéndome que no y me han cancelado una entrevista. Sólo sé que haya intervenido Ramona en lo de BSVC, pero es que ya me lo espero todo y paso de seguir contaminándome y odiámdola. Es que no me compensa, yo no soy así y no quiero que esa maldita me cambie.

Y con ése mantra, Jorge pidió al camarero que pusiese Dramas y comedias de Fangoria y una ronda de chupitos que acercó a la mesa cantando en playback “no quiero más dramas en mi vida, sólo comedias, entretenidas”.

– La verdad es que el condenao tiene gracia, ¿eh? Este hermano tuyo vale millones, Amalia, cuídalo que os voy a echar mucho de menos.

Y siguieron las copas y una guerra de frutos secos que ganó Moreno. Carlota sin parar de preguntar por detalles del despacho que no entendía y pronunciar la frase “yo flipo” unas mil veces. Y más chupitos y baile. Y muchas miradas entre Oliver y Jorge y más aún entre Moreno y Maca. Amalia ni se atrevió a contar que Susana la había felicitado por primera vez desde que entró en Flores. Realmente, ni le importaba en ese momento.

Amalia y Jorge volvieron juntos en metro comentando lo adorable que era Oliver y lo poco que se había asustado de lo mal de la cabeza que estaban todos. Menos mal, porque a Jorge le gustaba. No se lo había dicho pero a Amalia no le hacía falta escucharlo de su boca, se lo veía en los ojos. Y sintió envidia. De esa ilusión del principio, esas ganas de verse y pensar constantemente en alguien. Ella sólo tenía una especie de caos con Javier que, tras la visita del día anterior a su casa, le había demostrado claramente que no podía confiar en él. Y eso le hizo acordarse de la maldita agenda y que al día siguiente tendría que contarle todo a Matías.

Realmente se sentía sola. Por mucho ánimo que le hubiese dado la felicitación de Pereira sobre su trabajo, no estaba segura de que todo eso compensase. Tendría que llegar un poco antes al día siguiente, había salido a su hora para ver a Maca y claro, no había podido acabar muchas cosas. ¿Bastaría con llegar un par de horas antes? Miró el reloj y se sintió un poco más hundida, con suerte dormiría tres horas. Y pensó en Rafa de nuevo. Quizá no estaría tan mal conformarse con él, ¿no?

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