Capítulo XXIII.- Vidas separadas (Susana)

 – El viernes es la junta de socios en Madrid ¡tocan churros! Habrá que celebrar la libertad momentánea y perder el tiempo con una buena excusa. Y, por cierto, por la noche salgo con mi hermano y unos amigos que vienen a pasar unos días a Barcelona. ¡Qué ilusión me hace que los conozcáis a todos! Además… tengo algo más que contaros.
– ¿Y qué es eso, Paula? ¡No nos dejes con las ganas! Susana apareció en la sala de descansó: iba sin tacones y nadie la escuchó llegar.
Si en vez de Paula, aquello lo hubiese dicho cualquier otra persona nada hubiese podido descomprimir la tensión. Sin embargo, Paula tenía duende, todo el mundo en el despacho se llevaban bien con ella, incluso Pereira.
– ¡Ay! ¡Susana! Pero qué zapatos tan monos llevas, dicen que esta temporada pasa de tacones. Yo no sé qué voy a hacer sin ellos, ¡ir plana me hace más gorda!
– ¡¿Pero cómo te va a hacer más gorda?! – intentó intervenir Moreno. Todas lo ignoraron.
– Bueno, Paula estabas diciendo que tenías algo que contar¿Qué es?
– Bueno… es que… ¡es pronto todavía!
– ¡Vamos! Ahora lo dices, te encanta hacerte la interesante – volvió a insistir Moreno, haciendo lo posible porque dejasen de mantenerlo al margen. Susana lo miró. Era un líder venido a menos. Probablemente le dijeron guapo en el colegio, se lo podía imaginar en otra época, perseguido por chicas de menor edad y gastando bromas sin gracia. En el despacho la cosa funcionaba de otra manera. Es cierto que tenía algo atractivo, pero había llegado a un lugar donde hacían falta cualidades menos pasajeras. Él carecía de ellas. No le caía bien, pese a los intentos de Moreno por agradarle. No era un buen compañero, Pereira lo tenía claro desde el primer momento, pero eso era problema, precisamente, del resto de sus compañeros. Ella no se encargaba de tener en paz a la manada, sólo la dirigía.
– Venga, que os lo cuento. ¡He conocido a alguien! – Paula no podía ser desagradable con nadie sin grandes motivos. Le resultaba imposible, desde pequeña. Así que respondió mirando a Moreno, para hacerlo sentir mejor.
– ¡¿Otra vez?!
– ¿Qué quieres decir? – respondió algo indignada.
– Bueno… nada, nada. No me lo tomes a mal, me refiero… creía que no querías saber nada de hombres por un tiempo. Si no… igual te hubiera invitado a cenar.
– Desde luego no creo que Paula necesite que nadie la invite a cenar y menos que tú consiguieras que aceptase – Susana no podía soportar esa actitud prepotente.
– Sólo bromeaba – Moreno no volvió a hablar.
– Bueno, la verdad es que aún no nos hemos visto en persona. Ha sido a través de Tinder, ¡pero es ideal! Iba a quedar con él para tomar algo antes de la cena del viernes. Bueno todavía no se lo he propuesto pero dirá que sí. Igual luego se quiere venir con todos.
– ¿Vas a presentarle a tus amigos y familia en la primera cita? – Eso, y no el resto, había despertado la curiosidad de Susana.
– No se trata de una presentación seria. Para mi no es un tema que haya que tratar con tanto cuidado. Se conocen, nos lo pasamos bien juntos y si luego sale mal, pues a otra cosa. Estoy cansada de tantas formalidades. Bastantes tenemos ya en el despacho.
Una vez más, Paula, sonriendo, con encanto y con razón, hacía un comentario que nadie más se hubiese atrevido a hacer delante de Susana.
– Quizá lleves razón. Yo siempre he sido muy discreta con el tema de las parejas. Además, me gusta mantener mis vidas separadas. De todas maneras creo que me uno al plan si vuelvo a tiempo de Madrid.
Pereira regresó a su despacho sin prestar atención a las caras del resto. Si no tenían ganas de verla que se fuesen del despacho. Pensó. Ella tampoco se moría por salir con un grupo de niñatos por Barcelona, pero no iba a ver a Kike el fin de semana y necesitaba distracción.
Antes de volver al informe que la había tenido ocupada toda la mañana entró en Booking y miró hoteles en Galicia. Había pensando en proponerle a Kike pasar allí un fin de semana. Un mensaje de Matías apareció entonces en la pantalla.
“Te espero abajo a las 21:00 y vamos a cenar. Es importante.”
Susana notó algo extraño en la forma de redactar el mensaje. No parecía que Matías lo hubiese escrito: sin bromas, sin buscar molestarla, sin al menos un gesto cómplice. De todos modos, tan sólo respondió con un “Ok.” Tajante. Entrar en el juego de preguntar qué ocurría implicaba perder el resto del día pensando en lo que fuese el asunto y no le sobraba el tiempo. Basta de distracciones, se dijo. Era lo que siempre pedía de todo el mundo y, secretamente, sabía que en las últimas semanas no cumplía su propia regla de separar vidas. Por eso el caos.
A las 20:45 dejó el despacho y esperó impaciente en la entrada del edificio. Matías apareció serio, tenso.
– Vamos al ruso de la esquina.
– ¿No podemos alejarnos un poco de la zona?
– No. Quiero que hablemos cuanto antes y ese sitio es discreto.
– ¿Me vas a decir qué ocurre?
– Cuando lleguemos.
No hablaron por el camino, ni al entrar. Pereira empezaba a estar incomoda, no le gustaba el juego de hacerse el serio de Matías. Lo sentía como a un extraño.
Al entrar al local ella fue al cuarto de baño, como si no acabase de ir en el bufete. Sin intención, estaba retrasando una conversación que le parecía fuente de alguna nueva inestabilidad emocional. De camino vio a un hombre mayor que le trajo recuerdos de su padre. Tengo que ir a verlo. Regresó a la mesa pensando en cambiar de destino y sugerir Málaga en lugar de Galicia. Se sentó frente a Matías.
– ¿Me vas a decir de qué va esto?
– Sé quién es el autor de las extorsiones – dijo él, sin mirarla.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s