Capítulo XXV.- Buen abogado (Amalia)

Ramona caminaba por el pasillo de los juzgados mirando rápidamente a todas partes, como si buscase nerviosamente a alguien.

– Sabes, es que aquí mucha gente me conoce, claro, de vernos por los pasillos. Tú anda con la cabeza bien alta, que saben que somos de Flores y bueno, es obvio que nos miran porque se espera mucho de los abogados de nuestro despacho.

Sonreía a un lado y a otro. Lo cierto es que a Amalia le parecía que Ramona iba mirando más a los demás que al contrario, pero aún así hizo caso de sus instrucciones. Sin duda era un orgullo ser de Flores. Era el típico despacho con tanto nombre que todo el mundo conoce y todos al acabar la carrera habían querido entrar en él.

– Vamos a entrar en la sala rápido cuando nos llamen, ¿eh? Que soy bastante amiga de esta jueza y quiero saludarla. Tú te sientas detrás, en el público. ¿Me llevas el abrigo y los expedientes?

Fueron tres juicios seguidos. Amalia los había preparado y sabía bien que la parte a la que defendían no tenía apenas opciones de ganar. Era obvio que se había cometido una estafa contra la otra parte y había pruebas más que suficientes para que la jueza dictase una sentencia condenatoria. Por eso, quizá, le sorprendió tanto la pasión, que incluso le parecía un poco violenta, con la que Ramona defendía sus argumentos y, sobre todo, interrogaba a los testigos y parte contraria. Dos de ellos, llegaron a estar incluso al borde de las lágrimas por lo incisiva que era.

– Qué incómodo, ¿eh? Por lo de algunos testigos que casi se te echan a llorar…

– Ya, bueno, yo es que soy muy buena con los interrogatorios. Eso es lo que un buen abogado tiene que hacer. Esto estaba perdido pero si consigues darle la vuelta, que se líen un poco los testigos, pues igual sembramos la duda en la jueza. Además, que algunos de los argumentos por los que nos tumban estos casos no tienen ni pies ni cabeza. De estafa, nada, esa gente viene a hacerse ahora la víctima pero vamos… así para la próxima ya puedes hacer juicios tú, ¿eh? Y es que los abogados contrarios, ya has visto, ni idea de Derecho, vamos. Por eso es que no es comparable la gente de nuestro despacho con los contrarios, ya lo verás cuando vayas haciendo vistas tú también.

Volvieron al despacho casi a la hora de la comida. Amalia llevaba todos los expedientes y el bolso de Ramona. Tenía la sensación de que apenas había podido asentir en todo el viaje de vuelta, en el que ella le había comentado cómo se había sobrepuesto a todas las dificultades a lo largo de su vida hasta llegar a donde estaba ahora. Le dolía la cabeza. Nada más entrar en el despacho, Ramona vio a lo lejos a Pereira y corrió tras ella, dejando a Amalia con todos los bártulos en el pasillo.

Cuando por fin logró recomponerse en su mesa miró el reloj, 14.08. Hoy no tendría tiempo para comer.

– Voy a ir a por un sandwich abajo, ¿te traigo uno?

Amalia aceptó la oferta de Moreno y, media hora más tarde, disfrutaban cada uno a un lado de la mesa de un bocadillo y agua mientras continuaban leyendo demandas. No eran los únicos del despacho pero sí los de ese ala de la planta.

– Oye, ¿cómo estás? ¿Cómo han ido los juicios con Ramona?

– Bien, la verdad que me ha impresionado cómo interroga y lo dura que es. No lo parece.

– Ya bueno, también la esperan a veces a la salida del juicio y la insultan. Yo no los hago así, tan duros. A mí me parece que una cosa es defender tus argumentos y otra ponerte de esa forma. Que son personas. ¿Ha presumido mucho de conocer a la jueza?

– La verdad es que sí, son amigas, ¿no?

– ¡Qué va! Es una pelota con ella y claro, la otra le contesta como persona educada que es. Yo creo que todo el tema de lo amigas que son y tal, se lo inventa ella.

– ¿Qué dices? Pero eso sería muy enrevesado.

– ¡Uf! Cómo se nota que llevas poco aquí. Si tú supieras todo lo que he visto y, sobre todo, lo que le he aguantado yo a Ramona…

– ¿En serio? ¿Cómo qué?

– Pues mira, la prueba mejor es que ya no queda nadie por debajo de ella con experiencia, sólo yo. A los demás se los ha cargado. Y a mí…. yo que sé, ahora supongo que me necesita. Porque le aguanto todas sus mierdas. Ya sabes lo que le hizo a Macarena. No te fíes.

– Ya, ya. ¿Tú crees que es peor que Pereira?

– Sin duda. Pereira va de cara, te humilla a gritos públicamente y se va. No digo que sea bueno, pero es que Ramona, va por detrás, te sobrecarga de trabajo para que cometas fallos y cuando te quieres dar cuenta, te han echado. Y encima se piensa buena persona.

Aún quedaban seis largas horas de trabajo por delante. Cada vez que escuchaba esas historias de competencia entre unos y otros en el despacho, la cabeza le dolía aún más. Ni siquiera estaba segura de quién podía o no fiarse.

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