Capítulo XXVII. Del amor al odio (Susana)

Kike venía el viernes y ella no dejaba de pensar en Javier. Había pasado de una obsesión a otra y no podía controlar sus emociones, ni gestionarlas, ni siquiera predecirlas. Eran sentimientos totalmente diferentes los que tenía por uno y otro, por supuesto, pero de alguna manera los percibía como excluyentes.

No se puede amar y odiar a la vez. No al menos si alguno de los dos es extremo. ¿Tiene grado el amor? Sí, sí que lo tiene. Pensaba Pereira. Esa era al menos su excusa para todas las relaciones que había tenido. Para la falta de ganas, la ausencia de compromiso, las prioridades en otra parte. Ahora, con Kike, sin embargo, sentía que era la primera vez, quizá que amaba mucho, quizá que amaba. Pero lo que tenía de nuevo el amor a ese nivel, o el amor, era que todo giraba en torno a él. Sería el principio. Sería la novedad. Por eso la intensidad, el desenfreno, la prisa… Y entonces llegó el odio a Javier. Y desde que eso pasó, el centro de sus días giraba en torno a ese otro sentimiento. Y ya no podía pensar en nada más. Eran lo mismo. El odio y el amor, absorben igual. Se decía Susana.ç

– ¿Qué haces el fin de semana? – Paula entró enérgica en la sala de descanso del despacho y se sirvió un café.

– Viene un amigo de visita.

– ¿Un amigo?

Le apeteció contárselo a Paula.

– Bueno, no exactamente. Aunque tampoco otra cosa.

-¿Cuándo llega? He conocido a un chico súper simpático en Tinder y vamos a ir a cenar a un italiano este sábado por la noche.

– La verdad es que nunca hemos quedado con más gente…

– Bueno, ¿y qué?, tendrá que ser alguna vez la primera, ¿o lo vas a esconder todo el tiempo?

– No, no. No se trata de esconderlo, pero viene un fin de semana y quizá no le apetezca que lo ponga en el compromiso de conocer gente.

– Vamos, Susana, seguro que le apetece un plan distinto. Pregúntale y me dices, con que me avises un par de horas antes va bien.

– ¿Y al tuyo no le molestará?

– ¿Por qué le iba a molestar? Y si es poco social es el momento perfecto para que lo demuestre, así nos dejamos de perder el tiempo.

Paula era tan natural y despreocupada que de pronto todo se volvía sencillo. Un par de horas más tarde, Susana le mandó un mensaje confirmando para el sábado. Se lo diría a Kike al llegar, probablemente no tendría problema, lo cierto es que era más un problema de ella, siempre había querido ser cauta con su vida sentimental y más ahora, que todo estaba tan agitado. Además, aún no había sido capaz de contarle a Kike todo lo que había pasado y temía no poder disimular, con más gente delante no habría silencios y siempre era más sencillo concentrarse en otras cosas e ignorar el malestar.

Dos días después, aún con el asunto de Javier en la cabeza y Matías enfadado, Susana fue en taxi a recoger a Kike de la estación de tren. Era viernes y llevaba dos días lloviendo violentamente. Tanto que había algunas calles inundadas y el tráfico era caótico. El coche estaba parado en un cruce y el taxista no dejaba de insultar a todo el que pasaba, niño, adulto o animal. Tenía tan mal humor que Susana empezaba a divertirse con las frases ocurrentes del hombre.

Hijo de la gran perra, ¿por tener un mercedes te me vas a colar? Como me baje del coche te “hostio” vivo. Que no me bajo por no mojarme y por no matarte, so cabrón. Agradece que llueve… agradece que llueve.  

Susana presionó el botón de grabar audios de Whatsapp para enviar el mensaje a Kike, y hacerle ver el recibimiento que le daba la ciudad. Justo cuando acabó de enviar el mensaje le escribió Paula:

“Tienes que hablar con Ramona, Amalia acaba de irse al baño llorando porque la ha dejado en ridículo delante de todo el departamento. La chica no para de trabajar y se esfuerza mucho, al final no podrá con la presión y se irá… como todos”.

Le sorprendió. Nadie le hubiese dicho algo así. Además, la presión formaba parte de la vida de Flores y el que no podía con ella estaba mejor fuera que dentro. No obstante, quería saber bien qué había pasado. Al menos había que ser coherente cuando se ridiculizaba a alguien.

“El lunes vemos el tema, gracias por comentármelo”.

¿Era cada vez más fría, como decía Matías? ¿o cada vez más blanda?

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