Capitulo I. Como todos los demás (Susana)

Tranquila. Respira. No permitas que el pánico te controle. Pasará. Nadie lo sabrá. Nunca

Dejó aquel lugar haciendo retumbar sus tacones en el mármol del pasillo. Nadie que la viese caminar con semejante fuerza y autoridad sería capaz de intuir lo que acababa de suceder.

La noche se comía las calles. No había nadie en el barrio y el viento gélido de finales de enero era tan afilado que, cuando Susana dirigió una sonrisa ausente al portero de su bloque, sus labios cortados se quebraron, dejando aparecer una pequeña gota de sangre. Ella pasó la punta de la lengua por la zona y la humedeció, había olvidado el pintalabios en la oficina. Se montó en el ascensor con la espalda recta y los hombros elevados, tensos, firmes. Se obligó a mantener la compostura hasta que terminó de echar la cerradura de su dúplex, tan pronto lo hizo, se sentó con un golpe seco en el suelo del rellano y apoyó la nuca en la puerta, cerrando los ojos con fuerza. Apretó. Tenía que olvidar.

Horas más tarde, cuando entró en el taxi de camino al trabajo, juró que aquel lunes sería como todos los demás. Jamás había dejado que algo externo interfiriese en su profesión. Sólo por eso había llegado tan lejos.

 Llevaba pitillos Chanel negros, blusa de seda roja, moño alto y unas perlas salvajes que le regalaron sus compañeros cuando la hicieron socia del despacho. Valían una fortuna. Recordaba todos los detalles de aquel evento a modo de proyección cinematográfica, como si hubiese sido una espectadora, invitada a presenciar el mejor momento de su propia vida. Quizá eso sentían los novios el día de su boda: fugacidad. Y puede que aquel sentimiento fuese la felicidad. Susana trajo su mente de vuelta al asiento trasero del coche y empezó a juguetear dando vueltas a una de las perlas mientras leía el periódico en el teléfono. No habían pasado dos minutos cuando llegó el primer e-mail del día. Eran las 7:30 de la mañana.

“Me vas a matar. Hoy son las entrevistas para la nueva internship. Empiezan a las 9:00 AM. Siento muchísimo no haber avisado antes, se me ha pasado por completo. Además, yo no podré llegar a las primeras, tengo reunión con David a esa hora. He dejado el caso práctico para que resuelvan en mi mesa. Te debo una comida. Tú eliges donde.

 Lo siento de veras. Estaré allí en cuanto termine.

 Un abrazo,

Matías”

Ni siquiera terminó de leer.

Te quiero allí antes de las 10:30. A las 11:00 tengo videoconferencia con Londres.

Eres un capullo,

Susana”.

Odiaba hacer entrevistas y, además, no era un buen día para poner cara de bienvenida a nadie. Compró un café mientras seguía respondiendo mensajes atrasados y no levantó la mirada hasta entrar en el edificio de “FLORES-CRAWFORD”. Tan pronto puso un pie en la moqueta se sintió en su territorio y ,con la seguridad de quien domina todo a su alrededor, saludó echando un vistazo hacia el mostrador.

-Buenos días- dijo sacando su pase de un bolso de cuero negro-¿Cómo está tu hermana? ¿Ya le han dado el alta a los dos?

-Buenos días, Pereira, están ambos muy bien. El niño ha pesado 3 Kg–contestó apresurado Ismael. Sabía que ella no quería mucha más información, pero agradeció el gesto–. Los candidatos para la entrevista están…

-No está mal, dale la enhorabuena–sin detenerse, Susana subió a su despacho.